Esta es mi historia.

No sé exactamente cuándo empezó, pero poco a poco la chispa del arte fue creciendo dentro de mí cada vez que asistía a una buena obra de teatro. Esa emoción fue convirtiéndose en una necesidad: la de estar sobre el escenario.

Durante el bachillerato de artes comenzó a tomar forma mi vocación. Gracias a las distintas asignaturas, descubrí que la interpretación no era solo una pasión, sino el camino al que quería dedicarme.

Mi primer contacto real con la técnica llegó de la mano del director Javier Hernández Simón, con quien profundicé durante un año en el universo teatral a través de Bodas de Sangre. Esta experiencia marcó el inicio de una formación más consciente y comprometida.

Posteriormente, me titulé en Arte Dramático en el Centro de Investigación de Artes Escénicas y Audiovisuales “La Manada”, donde además complementé mi formación con un año de danza y tres años de especialización en verso. Entendiendo que el cuerpo, la acción y la palabra son herramientas inseparables dentro de mi proceso de creación interpretativa.

 

Hoy afronto esta profesión como un aprendizaje constante. Me considero una actriz apasionada, dedicada y en continua evolución, convencida de que cada proyecto es una oportunidad para crecer, descubrir y aportar. Trabajo con compromiso, entrega y curiosidad, siempre abierta a nuevos retos, directores y compañeros de escena.